El docente Federico Beltramelli le realizó una entrevista al profesor alemán Karlheinz Barck, quien llegó a nuestro país a propósito de las I Jornadas de Homenaje al Prof. Pablo Astiazarán (2005), denominadas Estrategias de la Escritura: los avances totalitarios y su representación.


(Publicada en el Semanario Bitácora, Edición de Diciembre del 2005)

En el marco de las Jornadas de Homenaje al Prof. Pablo Astiazarán, el Seminario de Análisis de la Comunicación de la Universidad de la República, a cargo de la Prof. Lisa Block de Behar, co-organizó recientemente con la Universidad Nacional de General Sarmiento de la República Argentina el Coloquio Estrategias de la escritura: los avances totalitarios y su representación. Estas Jornadas contaron con el apoyo de la Dirección General de Cooperación de la Universidad de la República, el Museo Nacional de Artes Visuales y la Fundación Alexander von Humboldt.

Especialmente invitado concurrió el Dr. Karlheinz Barck, Co-director del Zentrum für Literaturforschung de Berlín quien, en esta entrevista, realizada por el Prof. Federico Beltramelli, desarrolla aspectos de su participación en el Coloquio, además de establecer una mirada aguda sobre la continuidad y relaciones entre la propaganda nazi y el uso de ciertos avances tecnológicos y mediáticos. Analiza también el papel de los intelectuales en aquella época, deteniéndose en la obra de Victor Klemperer, Werner Krauss, Walter Benjamin y Erich Auerbach.

Pregunta: Para retomar temas tratados en el Coloquio ¿qué relación existe entre las estrategias de escritura y los avances del totalitarismo? La ocupación, como operación lingüística, ¿se ejerce sobre el discurso o es una práctica que reside en la lengua?

Respuesta: Bueno, diría que esto tiene que ver con el uso de la lengua, también con el manejo del discurso que se hace en relación a situaciones concretas, particulares. Creo que uno de los aspectos interesantes del Coloquio fue que se pudieron analizar diversos enfoques de este problema, así como los diferentes medios que se utilizaron: el cine, la literatura, la pintura, la prensa y la radio. Precisamente, la noción de estrategia de la escritura fue tomada, al igual que lo hicieran Roland Barthes y Susan Sontag, como un concepto mucho más amplio, que va más allá del concepto tradicional de escritura.

La ocupación del lenguaje pertenece al subconsciente, y así entra en escena. Curiosamente, la novela de la que hablé en el Coloquio -que aquí nadie conoce- implicaba para mi una dificultad y un conflicto: ¿cómo presentar un texto que nadie conoce? El fragmento que he citado, donde Werner Krauss comenta e integra escritura, ocupación, subconsciente e inconsciente, habla desde una situación de “frontera”, la de alguien que está preso y escribe esperando la pena de muerte. De igual forma, mientras estaba preparando el texto para el Coloquio, no me daba cuenta que las palabras tomaban su propio camino, en contra de mi conciencia, estaba escribiendo para el Coloquio sobre una novela de Krauss a la que nadie conocía y de la que yo me ocupaba. Los otros estarían luego forzados a escucharme. Entonces la ocupación trabaja en todos estos espacios conscientes e inconscientes de las prácticas discursivas.

P: En relación a la novela de Krauss, PLN. Die Passionen der halikonischen Seele (que no está traducida), y a la obra de Victor Klemperer, LTI. La lengua del Tercer Reich, a las que usted se refirió en el Coloquio ¿podríamos hablar de dos estrategias de escritura, una para escapar, que habría sido el caso de Krauss, y otra para dejar constancia de las formas de persuadir del nazismo y su propaganda, que fueron estudiadas por Klemperer?¿Qué huella dejaron estas prácticas?

R: Viktor Klemperer, en tanto profesor especializado en literatura italiana, realiza una comparación entre la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. Por otro lado, era especialista en literatura francesa del siglo XVIII y conoció de cerca la experiencia soviética. Notaba una continuidad en el lenguaje, entre el habla del Tercer Reich y la de la Alemania del Este, la República Democrática Alemana, la RDA, entre 1945 y 1949 -el período de ocupación soviética. Veía similitudes con el lenguaje de los funcionarios políticos de la RDA, una especie de asimilación pseudo-inconsciente en el estilo de discurso, en las adaptaciones de la retórica por parte de la burocracia. Entonces planteó esa continuidad entre la LTI (Lingua Tertii Imperii) y la LCI (Lengua del cuarto imperio). La observación del lenguaje en los sectores oficiales o burocráticos por parte de Klemperer difiere del punto de vista elegido por Krauss para estudiar el problema del lenguaje en el sistema totalitario nazi.

En LTI -que es una parte de un diario mucho más completo de Klemperer- toma como punto de partida de sus análisis las maneras de hablar, las formas de discurrir, los eslóganes, que el régimen nazi quiere introducir por diversos medios, por ejemplo, la radio (las nuevas teorías sobre el totalitarismo afirman que sin el invento de la radio no habría existido el fascismo). Pero hay pocos análisis del habla cotidiana del pueblo. En cambio, Krauss, inmediatamente después de su liberación, publicó cuatro o cinco ensayos, entre los años 1945 y 1947, sobre el estado de la lengua alemana, sobre la jerga de los sectores populares. En uno de estos ensayos, Krauss analizó la jerga de los soldados y la tesis que sostiene es que el lenguaje de los nazis no ha podido penetrar la lengua alemana en su base popular. ¿Por qué? porque los nazis no han tenido una visión histórica que, de una u otra forma, se relacionara con la historia cultural de Alemania. El lenguaje de los nazis era completamente terrorístico.

Krauss analiza en el habla de diferentes sectores -y en esto se diferencia de Klemperer- las transformaciones de los eslóganes de los nazis por parte del pueblo y dice que en esas transformaciones podemos ver una risa quijotesca del pueblo. Pero no tuvo tiempo, quizá, de analizar las diferencias entre el lenguaje oficial (discurso) y el lenguaje del pueblo.

P:¿Se puede concebir la lengua como terreno fértil para estrategias de distinto tipo, muchas veces contrarias?

R: Creo que la lengua tiene siempre un carácter de creatividad intrínseca, el carácter poético de la lengua, que solamente en el uso se manifiesta, como en ese caso de la transformación de los eslóganes nazis por parte del pueblo alemán.

Krauss llama la atención sobre la diferencia entre el proceso que generó la Revolución Francesa y el que generó el régimen nazi. La primera significó un nuevo estado de la lengua posibilitando el acceso al saber, ampliando conceptos. En cambio el segundo no pudo, en 12 años, instalarse en la lengua alemana. El nazismo, como una forma más brutal, ha quedado con esos 12 años como algo estanco, artificial y teatralizado, al extremo que si tú entrabas a tu trabajo y no saludabas a tu superior con el ¡Heil Hitler! y le decías, en cambio, ¡Buenos días!, corrías riesgo.

De modo que la lengua trabaja en nosotros por sí misma. Entonces es provechoso tomar estos análisis para enfrentarse a las nuevas situaciones en las que vivimos. Esto ya lo percibí en el Coloquio, puesto que muchos manifestaron que no se trataba de reflexiones meramente históricas, poniendo en evidencia que estamos buscando conceptos para explicarnos la realidad en la que vivimos hoy. Por ejemplo, a propósito del establecimiento mediático de un concepto de estándar del lenguaje.

P: ¿Fue la Alemania nazi la primera en realizar una programación discursiva propagandística a gran escala?

R: Alfred Hugenberg, propietario de UFA, la principal empresa cinematográfica alemana, y de varios medios de prensa que utilizó con fines políticos, fue un prestidigitador que creó una industria monopólica antes de 1933, antes de los nazis. Concentró el poder de los medios mientras la República de Weimar se desgastaba en discusiones contingentes, perdiendo de vista este tema. Él compraba medios de prensa con los que destruía desde el interior la base de la democracia. Concomitantemente había otra persona similar pero opuesta, Willi Münzenberg, que era comunista y que, avanzados los años 20, también había comprendido que el partido comunista tenía que imponerse los estándares técnicos de los medios de difusión de la época y no perderse en luchas ocasionales; que debía crear algo semejante a lo realizado por Hugenberg. Así fue como invirtió todo su dinero en crear medios específicos, como el semanario ilustrado AIZ (Arbeiter-Illustrierte Zeitung/Diario ilustrado de los trabajadores), que existió hasta 1933, o una radio. Los nazis lo vieron como un gran peligro, por eso la destrucción de ese contra-imperio fue inmediata.

También en el tema militar hubo un viraje en Alemania nazi, tanto en la utilización del concepto del cuerpo como el de la técnica. Ya algunos teóricos, como Giovanni Gentile, hablaron del totalitarismo como de un “modernismo conservador” y los nazis supieron utilizar las técnicas más modernas (para fines terribles), atrayendo así a capas intelectuales jóvenes, deseosas de perfeccionamiento científico en un paradigma de progreso. Aunque el problema de la evolución técnica no fue analizado debidamente hasta ahora, por ejemplo en la obra de Hannah Arendt no lo está, de modo que es un tema no tan trabajado en el análisis de los totalitarismos.

P:¿Cuál fue la participación de Joseph Goebbels?

R: Goebbels quería ser escritor. El primer texto que publicó, en 1925-26, fue una novela a la que Paul de Man se refiere en su libro póstumo, Ideología Estética, que trata sobre el idealismo de Schiller y su transformación por los nazis. Allí señala algo sintomático para Goebbels, en cuya novela la figura del artista es reemplazada por la del Führer; la tesis es: “nosotros los políticos también somos artistas y quizás los mejores artistas”. Exalta la eficacia de su clase en desmedro de los intelectuales y judíos que discuten día y noche y, por eso, no avanzan. Creo que Goebbels fue el gran manipulador, quien produjo el Gleichschaltung, diría un encastramiento, una especie de sintonización, entre el discurso nazi y los medios.

P: ¿ Qué características tenía la utilización de los medios masivos por el sistema totalitario nazi y la articulación de la propaganda totalitaria?

R: La pregunta debería ser ¿son acaso los medios factores de totalización? Creo que, como intelectuales, debemos proponernos conocer debidamente la situación que nos rodea, aunque esto parezca obvio, para poder describirla, de manera que sea posible pensar sobre ella. El moralismo que surgió en algunas participaciones en el Coloquio, por ejemplo, en torno a la obra de Leni Riefenstahl, no es tan interesante como lo es el problema de cómo penetró esa ideología y a través de qué soportes técnicos, del cine, la radio, los informativos, etc..

El dramaturgo Heiner Müller se preguntaba qué era el nazismo, y para responder a esa interrogante partió de la Blietzkrieg (guerra fulminante), un término que luego se internacionalizó, esa Blietzkrieg fue una estrategia con la que los nazis, en los primeros años, lograron espantar al pueblo pero, al mismo tiempo, porque rescataba una identidad, la convicción de que “nosotros somos los mejores”. Heiner Müller dice que la Blietzkrieg era una “fuerza de izquierda comprimida sobre las ruedas de los tanques”, es decir, que el ejército, la armada, de tierra, en el aire y en el mar, por un momento habían conseguido a todo ese pueblo, los obreros, y veía ahí una energía de izquierda comprimida y así consiguieron lanzar a la gente común a la conquista de Europa. No nos olvidemos que el partido comunista y los movimiento de izquierda alemanes eran los más fuertes de Europa y que, a raíz de una muy profunda crisis económica y de los tratados posteriores a la derrota en la primera guerra mundial, que le quitaron territorios a Alemania y le impusieron reparaciones muy costosas, se produjo un movimiento hacia el nazismo. De forma que hubo un conjunto de factores socioeconómicos que explican esa tendencia pero, sobre todo y al mismo tiempo, un avance técnico impresionante.

El régimen totalitario y los medios establecieron una relación total, de la que salvaban sólo algunas insulitas. Por ejemplo el mismo Krauss, cuando estaba en su Cátedra en Marburgo, editaba una serie de publicaciones científicas de temas de romanística, que aprovechó para generar un círculo de discusión -con gente de su confianza- sobre temas de marxismo. Allí estaba, entre otros, Erich Auerbach, cuya biografía presenta características interesantes. A través de discusiones de tesis de doctorado, como pretexto, se hizo un espacio para dirigir una mirada crítica al régimen. Publicaron así, por ejemplo, un trabajo sobre Rousseau, otro sobre el concepto político en el teatro de Corneille. Curiosamente este último texto le fue enviado a Auerbach, en Estambul, y este se lo hizo llegar a Benjamin, en París. A partir de esa conexión Walter Benjamin le escribe, desde París, comentándole lo curioso que le resultaba que en Alemania todavía se pudieran publicar esos textos. En esos minimundos académicos se podían hacer cosas hasta los años 40, pero los grandes medios estaban bajo tutela del nazismo, que los organizaba según una noción procedente de la técnica, de la electricidad, Gleichschaltung, que significa poner dos líneas de energía al mismo nivel, un concepto que Goebbels explica muy bien en sus diarios.

P: Usted examinó la correspondencia entre Walter Benjamin y Erich Auerbach, ¿se trataba de una suerte de conversación que ocurría más allá del tiempo histórico?

R: El año pasado organizamos un Coloquio en Berlín alrededor de la figura de Erich Auerbach, con la idea de estudiar las perspectivas filológicas suyas como las de un gran filólogo del siglo XX que era. En ese Coloquio discutimos diferentes facetas de su biografía, de su currículum, de los lugares donde trabajó o estudió pero, sobre todo, de su vida en Berlín porque, como Walter Benjamin, Auerbach era berlinés (la casa donde nació existe todavía; está detrás de la estación de ferrocarril del ZOO de Berlín) y vivió en el barrio de Charlottenburg.

En lo personal, me interesaba estudiar las etapas de Auerbach en diferentes momentos: como discípulo del liceo francés de Berlín (fundado a principios del siglo XIX), donde hizo su bachillerato, para después doctorarse, en 1921, en la Universidad de Greifswald, al norte de Alemania, casi a orillas del Báltico, con una tesis sobre la novela italiana del renacimiento.

Auerbach había nacido en 1892, el mismo año que Benjamin y, siendo un joven de ni siquiera 30 años entones, se doctoró en romanística. Continuó luego sus estudios en la Universidad de Berlín y, dos años más tarde, en 1923, se doctoró por segunda vez, ahora en la Universidad de Heidelberg, con una “disertación jurídica” , una tesis de no más de 80 o 90 páginas sobre un caso específico del código criminal, que estaba siendo debatido en esa época. Después consiguió trabajo como bibliotecario en la Biblioteca de Berlín, tarea en la que ascendió, desde 1923 hasta 1929. En esa misma época Benjamin vivía en Grunewald, un barrio de Berlín, y viajaba mucho a París, quizá porque ya estaba trabajando en el Libro de los pasajes.

Benjamin frecuentaba regularmente la Biblioteca de Berlín para completar, seguramente, su libro sobre El drama barroco alemán. Sabiendo quienes fueron Auerbach y Benjamin, ambos residentes en la ciudad, uno podría especular acerca de la existencia de algún encuentro. Resulta que, gracias a la publicación de la correspondencia de Benjamin, cuyo sexto tomo apareció el año pasado, pude leer las cartas tomo por tomo y descubrir entre ellas algunas que les escribió a sus amigos, desde Berlín, contándoles como era su vida de estudiante. En una de esas cartas Benjamin escribe: “ahora estoy trabajando en mis cosas y necesito consultar muchas veces la Biblioteca. Me he encontrado con un nuevo bibliotecario, muy inteligente -él no menciona el nombre, pero por el contexto está claro que se trataba de Erich Auerbach-, pero que de literatura francesa contemporánea no tiene ninguna idea. Le he compuesto una lista de textos que sería importante que tuviera la biblioteca”.

Estamos ante el origen de una relación que llegará a ser mucho más estrecha, a pesar de que Auerbach tuvo que emigrar. Debe tenerse presente que, desde el principio de 1935, en aplicación de leyes raciales, el ministro de educación alemán libró un comunicado donde decía que los profesores judíos no podían enseñar más en Alemania. Auerbach pidió permiso para viajar a Estambul, donde en 1936 le habían ofrecido el puesto de profesor de romanística, supeditando su aceptación a un trámite ante el régimen. Sabemos, empero, por los informes de los nazis, que ellos espiaron su cátedra y enviaban informes a Berlín. Por la correspondencia posterior entre Benjamin y Auerbach, que va desde l935 a finales del 36, cuando éste ya estaba en Estambul, se puede concluir que para entonces se habían hecho amigos.

Erich Auerbach, como berlinés, debió ser enterrado en algún cementerio judío de esa ciudad, al igual que sus antecesores. Tuve la idea de ir a uno de esos cementerios, al norte de lo que se denominó Berlín oriental, en el distrito de Weissensee, pues hay allí un enorme cementerio judío, que los nazis clausuraron a fines de los años 40. Este cementerio data del siglo XIX y sustituyó a otro más antiguo, del siglo XVI. Curiosamente, el cementerio judío de Weissensee no fue destruido por los nazis, porque tenían el propósito, después de salir victoriosos de la guerra, de construir allí un monumento o museo que expusiera la destrucción de la raza judía en Alemania y en Europa, quizá en el mundo entero. A raíz de ese proyecto el cementerio sobrevivió al propósito de campo arrasado que se aplicó a la cultura judía y sigue siendo, hasta hoy en día, administrado por la comunidad judía de Berlín.

Tenía la inquietud de saber si se encontraban allí las tumbas de la familia de Auerbach y, en efecto, me dieron las fichas de sus tumbas: una correspondiente a la mujer Marie, de origen polaco y también judía, y otras relativas al padre y al abuelo de Auerbach. En esas fichas pude ver que Marie tenía en su familia antecesores con el apellido Block. Ya me decía yo que esos eran los pasos a seguir…

P: ¿Cuál era el tema de las cartas entre ellos que se encontraron?

R: Auerbach da una idea, hace casi un reportaje de la situación intelectual en Estambul. Es muy interesante esta visión suya de una cultura al margen de Europa y en contacto con Asia, del contacto oriente-occidente.

Las cartas, que son cinco o seis, tienen un gran interés para la historia intelectual de Europa en aquel momento. En primer lugar, en una de las primeras cartas, Auerbach le dice a Benjamin: “Me alegra que nos hallamos encontrado y que usted esté sano y salvo, allí en París” y le pregunta sobre el proyecto que aquel estaba llevando adelante, cuando ambos estaban todavía en Berlín. Auerbach sabía el título: Libro de los pasajes. Benjamin, por otro lado, en su respuesta cita un texto suyo sobre el surrealismo, que es de 1929, de la misma época en la que se encontró con Auerbach por vez primera. Cita, también, el primer gran libro de Auerbach sobre la novela en la Edad Media, sobre Dante, 'poeta del mundo secular'. Sabemos que este libro lo conocía Benjamin porque en las anotaciones sobre su libro a propósito del surrealismo da cuenta, hablando de Rimbaud y de Lautréamont, de la importancia para estos dos poetas de una amante (de Dante), católica y hermética. Este es un primer aspecto curioso de la correspondencia. El segundo es que Auerbach le pregunta a Benjamin en una carta si no ha recibido la invitación –que debía haberle sido enviada por recomendación suya- de la Universidad de San Pablo, para hacerse cargo de la Cátedra de Literatura Alemana. ¡Qué hubiera pasado de haber Benjamin recibido y aceptado la invitación!

P: ¿Cuál es el hilo, si lo hay, que une las obras de Auerbach, Krauss y Benjamin?

R: ¿Tiene alguna relación la obra de Werner Krauss con los trabajos de Walter Benjamin?, ¿por qué no hay, entonces, en la obra de Krauss ninguna referencia a Benjamin? Nosotros, como discípulos de Krauss, nos hemos preguntado varias veces acerca de esa ausencia. Sin embargo, en la correspondencia aparece una relación entre Krauss y Benjamin, porque Auerbach le escribe a París diciéndole: “mi discípulo y colaborador, que ahora está en mi Cátedra en Marburgo (la carta es del año 1935), me ha enviado un libro que acaba de publicar, sobre la política en el teatro de Piacone, con el pedido de que se la haga llegar a usted”. Y en otra carta Benjamin se encuentra con Krauss por intermedio de Auerbach. Así que, si bien no hay ninguna referencia a Benjamin en los libros de Krauss, queda claro que sí le importaba que Benjamin leyera su trabajo.

El libro de Krauss que menciona Auerbach y que debía leer Benjamin apareció en 1936 y es una crítica al totalitarismo de primera categoría. Su título es Lo político en el teatro de Piacone y se trata de una versión arqueológica donde, a través de la obra trágica de Pierre Corneille, se hace una alegoría sobre el totalitarismo reinante. Como se suele hacer.

También se dan en este coloquio algunas coincidencias curiosas a las que Lisa hacía referencia en el comienzo a propósito del comienzo de los films que se analizaron en el Coloquio y de las fechas: El nueve de noviembre de 1918 se declara la República de Weimar, con Rosa Luxemburg y, además, el 9 de noviembre de 1938 sucede la Noche de los Pogroms, también llamada Kristalnacht, de los cristales rotos; el 9 de noviembre de 1989 se produce la reunificación de Alemania y el 9 de Noviembre de 2005 inauguramos este coloquio en Montevideo.

P: Entre las relaciones de Walter Benjamin tiene mucha importancia la que estableció con Asja Lacis. A partir de la reunificación de Alemania se encontró nueva documentación al respecto, aunque no precisamente generada por la correspondencia personal entre dos amantes. ¿Qué puede contarnos al respecto?

R: Ahora no me acuerdo de la fecha en que Asja Lacis fue detenida y presa en la Unión Soviética, pero debe haber sido en 1941. En ese entonces todos los que tenían relación con Alemania eran considerados agentes o posibles agentes nazis. Asja Lacis, que era una amiga íntima de Benjamin, como se desprende de los diarios de Moscú y de alguna dedicatoria del propio Benjamin “a esta mujer que me abrió horizontes importantes”, estaba casada con un hombre de teatro alemán de origen lituano, Bernhard Reich. Hace algunos años se descubrieron en los archivos de la KGB las actas de los interrogatorios de Lacis, publicados en parte en Rusia y en parte en Alemania.

Se puede leer allí que la KGB se interesó por la relación de Lacis y Benjamin, así como por las relaciones “internacionales” de ella, ya que estaba casada con un emigrado alemán. La interrogaron a Lacis tan insistentemente sobre las relaciones suyas con Benjamin que se puede sospechar que haya, en otro archivo todavía no abierto o descubierto, un dossier “Benjamin”, de cuando este estuvo en la URSS, en el invierno de 1927. Esa era la época cuando el estalinismo se estaba consolidando, un extremo que se observa cuando uno lee los diarios de Benjamin en Moscú. Hay en ellos observaciones muy interesantes sobre lo que, más tarde y en conversaciones con Brecht, llamaría la “constitución de una monarquía proletaria”. Todo esto salió a luz a partir de la Perestroika, con Gorbachov, dado que hubo entonces un período, desgraciadamente demasiado corto, en el que se abrieron los archivos, aunque nunca todos. Con Yeltzin y Putin hubo, en cambio, una restauración de épocas anteriores.

Se puede decir que el Gulag soviético no fue como los campos de concentración nazis. Del Gulag se guardaron metódicamente todos los documentos y, como entre los prisioneros había escritores, que en cierta medida o en algunos casos pudieron escribir, aunque sometidos a controles soviéticos, hay una literatura conservada, que se llama Lagerliteratur, literatura del campo de concentración. Los especialistas que la estudian hablan de una estrategia de escritura especial en el Gulag soviético, que es ahora todo un tema de investigación. En cambio, de los campos de concentración alemanes la memoria de las víctimas es el único registro.

Nosotros, en el Zentrum für Literaturforschung, tenemos actualmente a dos eslavistas que investigan los distintos géneros de lo que podríamos llamar una “literatura confesional”. Es decir, estudian al sistema estalinista bajo la perspectiva de la confesión, pero en muchos sentidos, también la confesión que surge en los procesos. Sería interesante saber si, por ejemplo, en Chile pasó lo mismo.

Actualmente, en Rusia, la organización Memorial, Centro Ruso de Derechos Humanos, que llevó adelante en su momento el científico Sajarov, se ocupa de los temas relativos a la represión y su recuerdo, aunque con grandes dificultades dado el régimen totalitario de Putin. Los intelectuales reciben amenazas permanentemente. Quizá sea una nueva forma de fascismo que podemos llegar a tener, y que quedó en evidencia, por ejemplo, en la acción de la policía ante la toma de rehenes en un teatro de Moscú, años atrás. Es como si se tratara de crear una especie de temor cotidiano y, sobre ese terreno, se le permitiera al gobierno hacer lo que quiere, utilizando el tema checheno. Vemos la continuidad que se da en estos procedimientos con respecto al pasado.

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